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Mostrando entradas de noviembre, 2019

A veces oigo tu voz

A veces  oigo su voz llamándome para hacerme reír; siento su mirada como si estuviera frente a mí; pero me despierto en medio de la vida y sé que ella no existe. Y al otro lado del universo donde ella suspira por mí es como si una tormenta al despertarse se estrellara contra su corazón pues sabe que no existo.

Oír tu risa

Oír tu risa erizar mi piel mientras besas mi cuerpo con tus ojos, dios, cuántos sue ñ os he tenido sin ti, sin amor, sin nada que contar y de repente tu risa rompe el silencio en mil recuerdos.

Balada para ella

Se recostaba a mi lado, me acariciaba dulcemente, se reía de mí, de mis suspiros que caían suaves como lluvia sobre ella. Giraba y volaba sin límites por las líneas azules de la tarde hacia cielos infinitos. Fue un solo pestañeo de dicha. Ella estaba de paso pero se quedó en mi piel. Era traviesa, inconstante, insistente como esos soles que parece que no terminan cuando nos perdemos en las orillas de los otros. Era un instante eterno, seguía ahí prendida a todo lo que yo sintiera o so ñ ara. Entonces, se recostaba a mi lado y olvidábamos que ella partiría y que mi destino eran otras soledades.

Yo soy tímido

No conozco nadie más tímido que yo. Soy tímido desde que me despierto hasta que me duermo. Soy tímido desde que tengo memoria de que era tímido. A mí me da pena todo. Le temo a hacer el oso más que a cualquier cosa. Me muero de la pena siempre. Padezco de timidez, de una incontrolable timidez. Me gustaría ser invisible. Pasar desapercibido. Que nadie me note. Pero no puedo ejercer esa timidez que me fue dada como un don, porque desde que tengo memoria de que uno se enamora, vivo enamorado. Y ese oficio de enamorar y vivir enamorado requiere sobredosis de valor para hacer achinar los ojos de este tímido para que ella sepa que aquí estoy, sonreír sin que parezca lo que parece, decir palabras que suenen a cielo y a beso, y susurrar ilusiones al oído de ella. Esas palabras y gestos cargados de esperanza de que ella me mire, se digne quererme, quiera compartir besos, caricias y sue ñ os conmigo. Así que vivo en una lucha continua entre la timidez y el amor. Y ambos me derrotan c...

Sucederás

Porque algún día vas a suceder. Sucederás. Sé que sucederás y allí estaré esperando como lo hago desde siempre, desde antes de imaginar siquiera que me podrías suceder.

Cada rincón de tu cuerpo

Yo que dejé en cada rincón de tu cuerpo el cuerpo mío, también mis pensamientos, los sueños y las tristezas, yo que escribí tu nombre por los destinos de mi vida y en tantos lugares lo encontré, yo que llené el vacío del silencio gritando mi amor por ti a los cuatro vientos, yo que hoy me deshago de vejez, de olvido y de silencios sigo abrazado a un tenue recuerdo de ti, quizá tu risa o acaso tu mirada, y cada mañana para darme ánimos para no morir me digo que algún día despertaré en tus sue ñ os, pero yo que nunca pude enga ñarme a mí mismo , sé que desde que te fuiste estoy muerto.

Te olvido y no quiero

Te olvido y no quiero. No te olvido y quiero. Algo en mí se niega a olvidarte, no deja que te vayas. Me niego a dejarte ir, a dejar que me olvides. Aunque te estás yendo, yo te regreso porque te quiero y no quiero.

Los caminos del amor

De los caminos por los que mi vida desandó, el amor fue el arido, el solitario, el triste, el de la soledad interminable. Para mí no hubo felicidad, ni dicha ni risas y besos cada día de la vida. Tal vez alguna mirada, un beso o un baile, un verano ya lejano fueron lo más parecido a la alegría, instantes de emoción, de latir el corazón más fuerte y luego siempre la caída, el mudo desplome de la esperanza. El amor fue un camino de silencioso sufrimiento, de largos días adoloridos, de negras noches en vela, de angustia en el pecho y un ahogo interminable. El amor tantas veces partió cuando yo llegaba.

Tú, única tú

Tú, única tú, que no estás, pero habitas a orillas del que soy. Tú, siempre tú, que ya no me piensas, pero arrullas el silencio de esos otros que también soy. Tú, bella tú, que no sabes de mí, pero que nombro desde todas las geografías de la ausencia.