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Mostrando entradas de abril, 2019

Encuentros casuales

A veces la derrota me embarga. Soy una quejadera inaguantable. Me detesto cuando me doy lástima. Entonces ese yo que nunca me deja, que me fuerza a la vida y a la alegría empieza a recordar a las mujeres que, sin conocerlas, por un instante compartieron conmigo su alegría.  Regreso al primer ayer del que tengo memoria y veo a las mujeres que han significado algo, aunque sea por un instante, en mi vida. A ella que se quedó un segundo de más mirándome una mañana en que iba en una buseta repleta a clases en la universidad; a la enfermera que me tuvo la mano el día en que me fracturé la mano; la ni ñ a que le dijo a la mamá mientras me miraba que mirara a ese se ñ or tan lindo; a esa otra que en un almacén me preguntó si era un actor; a ella que en la antesala del odontólogo charló conmigo sobre lo hermoso que es hablar con desconocidos, sin olvidar nunca a esa guapísima adolescente que en una fiesta en casa de unos amigos nos miramos todo el tiempo y yo, que era más que tímid...

Poema para una mujer maravillosa

Me haces  vulnerable. Me haces sentir  el susurro de la vida sobre mi piel. Me devuelves el derecho a soñar, a tener miedo, tristeza y saber que no es prohibido estar vivo, ser. Me tienes en tus manos y me sueltas para que caiga en el vértigo de la libertad. Me besas sin querer que yo sea de tu propiedad. No pretendes nada de mí salvo el instante que somos. Me haces soñar que la vida no es sólo tiempo y dolores, sino que puede ser algo más... quizá inventaste para mí el amor. Me haces vulnerable con sólo mirarme.

Un beso a la mujer equivocada

Tengo susto de darle un beso a la mujer equivocada y que se enamore. Y yo no pueda hacer cosa distinta, después de ese beso equivocado, que seguir con ella de la mano por ese camino que no estaba previsto para mí, y que tengamos muchos sue ñ os juntos y al primero le pongamos su nombre y que llenemos de libros, risas, bailes y besos una casa juntos a orillas de un río de una ciudad que no estaba pensada para los dos. Y me asusta también que tendría que mantenerla enga ñ ada el resto de nuestra felicidad juntos, sin decirle que yo era el hombre equivocado.

La primavera

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Dejar que la primavera sea una estación más, aunque para mí la primavera sigas siendo tú. Permitir que todo me hable de ti y callar las palabras que forman un poema de amor que nunca leerás. Dejar que el regreso de las flores y los sue ñ os suceda sin que nada cambie. Dejarme morir en silencio en medio del esplendoroso sol de la vida. Y saber que, aunque existes, ya no eres primavera, sólo olvido. Olvido que no olvido.

Tú, mi tristeza de nuevo, mi último pensamiento del día. Tú, mi dicha nunca vivida, el más amado de mis fracasos. Tú, el territorio que nunca será mío, la soledad que no desaparece. Tú, a quien aún amo...

Ese otro

Desde otra vida, con otro ánimo, desde un lugar distinto, acompañado o solo, a veces enamorado, siempre con dudas, con certezas, lleno de incertidumbre, después de una tarde de sol en el balcón, mientras tomo una limonada en la playa solitaria de Biarritz, al amanecer en un bus que me lleva rumbo al lago de Garda, bailando en un club latino de Colonia, tomado de la mano del amor deambulando por Madrid, sentado a la orilla de la tarde leyendo un libro, montando cicla a orillas del Rin, siempre pensando en qué sentido tiene este comenzar de nuevo, el estruendo maravilloso de la felicidad, la lluvia fina de la melancolía o el terremoto inesperado de la tristeza, enamorado de la belleza de las mujeres de Andalucía, otras oyendo música, toda la música del incesante río de la vida en una noche interminable en París, añorando Colombia, queriendo siempre estar en Bogotá para sentir el eco eterno de la voz de ese amor que no...

Oírte bajo la lluvia

Una vez más correré  bajo un aguacero torrencial para llegar a ti y oír tus palabras poblando nuestras charlas. Para empaparme con el hechizo enamorado de ellas. Para tiritar de emoción  con ese espectáculo de anochecer con lunas y estrellas que son las palabras  que vamos dejando en el camino de nuestro deseo. Palabras de amor que son la promesa de que mañana al despertar tu respiración tranquila estará a mi lado mientras afuera sigue la lloviendo.

No volveré a mi tierra

No volveré a mi tierra, no respiraré el aire de los páramos, ni me quemaré con el sol de enero, no oiré más el idioma que me hizo suyo, ni sentiré la lluvia de la Sabana cayendo sobre mi vida. No elevaré cometas en agosto, ni desandaré las calles de mi infancia ni oiré el eco de mi juventud. Nunca más seré ese que fui, nunca más las voces amigas y la voz de los pocos que aún me quieren me despertarán para que salgamos a vivir, a dejar un rastro de sue ñ os por esos parques, plazas y calles que un día fueron la geografía de mi vida y mis amores, el refugio de mis tristezas. No volveré a la tierra de mis sue ñ os, a ese instante eterno en el que tú me amaste.