Encuentros casuales




A veces la derrota me embarga. Soy una quejadera inaguantable. Me detesto cuando me doy lástima. Entonces ese yo que nunca me deja, que me fuerza a la vida y a la alegría empieza a recordar a las mujeres que, sin conocerlas, por un instante compartieron conmigo su alegría. 

Regreso al primer ayer del que tengo memoria y veo a las mujeres que han significado algo, aunque sea por un instante, en mi vida. A ella que se quedó un segundo de más mirándome una mañana en que iba en una buseta repleta a clases en la universidad; a la enfermera que me tuvo la mano el día en que me fracturé la mano; la niña que le dijo a la mamá mientras me miraba que mirara a ese señor tan lindo; a esa otra que en un almacén me preguntó si era un actor; a ella que en la antesala del odontólogo charló conmigo sobre lo hermoso que es hablar con desconocidos, sin olvidar nunca a esa guapísima adolescente que en una fiesta en casa de unos amigos nos miramos todo el tiempo y yo, que era más que tímido, no dije ni mu, y que muchos años después me encontré en Kohler comprando carne y al vernos nos reconocimos a pesar de los hijosy el tiempo pasado, nos reímos y saludamos; a la que me dio el primer beso; a ella con la que bailé amacizado en una fiesta del colegio; a ella con la que nos quisimos en la playa de Deauville y fuimos felices en un día de verano interminable; a ella que en un tren rumbo a Hamburgo estaba sentada frente a mí y que yo no podía dejar de mirar y nos pusimos a hablar, y luego en la noche nos encontramos en el Alster y recorrimos nuestras vidas hasta altas horas de la madrugada... y así tantas mujeres que se interesaron por mí sin esperar nada a cambio, salvo la comunión del momento. 

Recuerdo a esas mujeres, que me hicieron feliz siendo felices,  cuando estoy triste y me siento el hombre más solo del mundo, para recordar que la vida vale la dicha, y que la pena no vale la pena.

Luego, salgo a la calle con la certeza de que en el momento menos esperado estará una mujer que compartirá conmigo un instante de su alegría.

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