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Mostrando entradas de julio, 2019

Todo pasa

Todo pasa, pero algo queda en esa nada que no es nada. Y eso que no se va aún lleva la tú que nunca fuiste, la que me amaba.

Cuando me veías

Cuando me veías, la alegría me llevaba por entre bosques de palabras, formaban sue ñ os que se volvían poesía. Mirarte era vivir.

La vida

La vida me rodea de expectativas, de amor y miedo, de tristezas y alegrías; y como una tormenta eterna recorre mi mente. Qué extraña la vida, a veces como el viento que hace bailar valses al trigo, otras, detenida como el tiempo en las ciudades abandonadas, y tantas veces como los cuatro jinetes de la Apocálipsis arrasando mis frágiles sueños. La vida, ese momento de estupor, de maravillada dicha, de continuo dolor, de despedida interminable. La vida que se escapa sin pausa como la arena fina entre las manos. La vida, ese instante con mi nombre, mi dirección, mis amores, mis sueños y mis desdichas, es todo lo que soy.

Cada mañana al despertar

Cada ma ñ ana al despertar vuelven los sue ñ os a comenzar: lo conquistado hay que volverlo a recobrar, la risa de tu mirada volverla a inventar, y de nuevo he de hacer que me quieras, que me extra ñ es antes de que abras los ojos y caigas en cuenta de que aún sigo al otro lado del universo.

Capricho del verano

No sé si es capricho del verano que ahora vive en casa, o la dulce melodía del ayer que no se acaba de ir, no lo sé, pero te pienso. No has dejado de existir. Acá estás en medio de la lluvia y el calor húmedo de esta tarde de julio en la memoria de un hombre que cree que es más que recuerdo lo que siente. No sé si capricho del destino, pero hay momentos en que la vida me quita el aliento y cree que aún nos amamos.

Eras mi todo

Eras el día y la noche, la luz y la sombra, la lluvia de la primavera, el sol del verano, los maravillosos colores del otoño, el misterio de las cosas, la risa inesperada, la mirada que hablaba de amor, la caricia oportuna, el beso que escalofría, la piel tibia de la vida, el instante en que la eternidad se posó sobre mí, la felicidad que rozó mi alma, el fin de la tristeza, el suspiro de las flores, el río que cruza mis sueños, el mar al que regresaba cada tarde para cubrirme de ilusiones. Pero sobre todo eras la mujer que quería, y que quería ver al abrir los ojos, que se cobijara de su tristeza entre mis brazos, que sin hablarme, yo supiera todo de ti. Te quería porque conmigo podías ser débil y frágil y todo mi ser se fundía en el tuyo para consolarte. Eras mi todo y me diste todo.

Te aguardo siempre, amada.

No nos dijimos adiós. Nos fuimos. Quizá, ni siquiera nos fuimos. El que se fue fue nuestro destino, se partió en dos y se perdió en otros sue ñ os. Mis esperanzas han envejecido esperando un milagro o la dulce brisa de tu recuerdo. Acá estoy más viejo, sin casi tiempo. Llevo en la memoria el último poema que me escuchaste. Sigo despierto, incansable, oteando el horizonte por si vienes, por si vuelves. Te aguardo siempre, amada.

Somos soledades

Somos soledades que en la distancia se han vuelto silencio. Y en la ausencia se han encontrado  en otros sueños. Somos soledades que no saben  decir adiós. Somos  dos soledades perdidas en el amor.

La llama de tu deseo

Quiero el silencio de los dioses que protege a aquellos que se aman en secreto. Quiero ser el enamorado nombre que susurras en las tardes de invierno y el verano donde naces al amor en las noches de mi cuerpo. Quiero fundirme contigo en el fuego de lo prohibido, gritarle al cielo nuestros nombres cuando nos amamos. Quiero ser infinito entre tus brazos, no despertar de ti, jamás volver a la realidad.

Te intuí allá en lo profundo

Te intuí allá en lo profundo, en lo más oscuro de mí como un recuerdo de luz que despertaba y me devoraba. Te supe acá en las raíces de mis venas  como un gesto en llamas que me consumía hasta convertirme en otro con mi mismo nombre, pero otro que nunca volvería a ser yo. Te hice mía cuando te perdiste, te armé de recuerdos inventados e intuidos como juegos infinitos en el cielo de mi memoria. Te amé desde antes de saber que era tuyo como si el mundo se hubiera confabulado para hacernos un verano peque ñ o peque ñ o pero incandescente. Te amé hasta las últimas consecuencias, tanto te amé que los que me conocen aún hoy dicen que después de irte no regresé de tu amor. 

Recuerdo amores

A veces recuerdo como aguaceros de otras vidas amores que nunca fueron. Y en el tiempo perdido entre una lluvia y otra de este verano que no es verano, sino frío que sue ñ a ser julio, pienso en ti.

Si en medio del silencio

Si en medio del silencio oyes el susurro del ayer, si algo en ti suspira y miras atrás, si por un instante tu alegría late más de prisa y sonríes, tal vez sea mi memoria que aún te sue ñ a.

Poema del adiós involuntario (64 años)

Voy hacia la región donde el tiempo no existe. A pesar de mi desgano, el tiempo me arrastra hacia la nada. El amor que era mío se ha quedado en ellas o se pierde tras otras risas. Ante mí corre el río de la vida cada vez más rápido, cada vez más menos río. Me acompañan los libros y un vago recuerdo de ti, nada más. Un día despertaré en la región donde ya no se hacen preguntas. Pero ahora...el amor se aleja de mí sin cesar.