Te aguardo siempre, amada.


No nos dijimos adiós.
Nos fuimos.
Quizá, ni siquiera nos fuimos.
El que se fue
fue nuestro destino,
se partió en dos
y se perdió en otros sueños.
Mis esperanzas
han envejecido
esperando un milagro
o la dulce brisa de tu recuerdo.
Acá estoy más viejo,
sin casi tiempo.
Llevo en la memoria
el último poema
que me escuchaste.
Sigo despierto,
incansable,
oteando el horizonte
por si vienes,
por si vuelves.
Te aguardo siempre, amada.

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