Balada para ella
Se recostaba a mi lado,
me acariciaba dulcemente,
se reía de mí,
de mis suspiros
que caían suaves
como lluvia sobre ella.
Giraba
y volaba sin límites
por las líneas azules de la tarde
hacia cielos infinitos.
Fue un solo pestañeo de dicha.
Ella estaba de paso
pero se quedó en mi piel.
Era traviesa,
inconstante, insistente
como esos soles
que parece que no terminan
cuando nos perdemos
en las orillas de los otros.
Era un instante eterno,
seguía ahí
prendida a todo lo que yo
sintiera o soñara.
Entonces,
se recostaba a mi lado
y olvidábamos
que ella partiría
y que mi destino eran otras soledades.
Comentarios
Publicar un comentario