La primera hora del resto de mi vida
Se
despereza
la
mañana
con
tranquilidad
mientras
se desliza
silenciosa
por los tejados
y
las calles de mi vida.
Los
colores,
aún
adormecidos de la noche,
se
llenan de casas, jardines,
árboles,
caminantes,
conejos
y ardillas,
de
carros que pasan.
La
gente
se
asoma a mi celular,
me
habla
en
ese lenguaje
de
imágenes: besos
convertidos
en labios rojos,
soles
que ríen
o
se ponen tristes.
El
cielo se roba el gris,
mientras
el café
espera
impaciente
a
que lo prepare,
el
periódico está en la puerta,
me
espera,
sabe
que pronto
lo
tomaré en mis manos
y
seré suyo.
La
frescura respira aire,
y
yo
volteo
a mirarte
escondida
tras tus ojos cerrados
y
no puedes evitar
asomarte
a tu sonrisa,
qué
buenos días
nos
esperan al cruzar
la
puerta del amor,
pienso.
Una
tras otra, las letras
forman
palabras
que
a su vez
forman
oraciones
que
me llevan con ellas
al
mundo de los otros.
Nado
en las noticias
mientras
el olor del café
te
despierta,
me
abrazas a mansalva,
me
mordisqueas la oreja
y
me dices que me deseas de desayuno.
Hay
tanto amor
en
esta primera hora del
resto de mi vida.
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